En estos días de introspección y buen rollo, es más importante que nunca repasar la vida y obras de
Nuestro Señor Jesucristo, que para algo celebramos su cumpleaños. Y, sobretodo, es justo y necesario recordar el mensaje que nos legó a las generaciones venideras: hay que votar a la derecha. Siempre.
Pero hay otras cosas que dijo Jesús y que también molan lo suyo. Lo de la moneda (al César lo que es del César, a Astérix lo que es de Astérix), las resurrecciones, aquello tan gracioso de San Pedro y el gallo... Y también hay que ejercer el perdón, porque puede que nos hayan ofendido alguna vez, en la vida pero dar otra oportunidad es, además de cristiano, sabio y justo.
Por eso, pienso aprovechar estos días de vacaciones para, a parte de mandar a tomar por culo los tres meses de dieta precedentes, recuperar aquellos autores de cómic que en su momento me indignaron y me llenaron de cólera, haciéndome pensar: "¡pero mira que sois malos!". Y no me refiero a gente que ya ves que no sirve para esto del cómic pero sigue y sigue y dale y toma (como yo), no no no. Me refiero a esos que son aclamados como maestros y a mí siempre me han parecido entre soso y lamentable. Y vamos a romper el primer tabú: Hugo Pratt.
Uno de los autores más universalmente queridos, conocidos y exaltados hasta la náusea.
Un hombre al que no lograba encontrarle ni el más mínimo mérito.
Su personaje fetiche, Corto Maltés, siempre me había parecido un ser frío, arrogante, condescendiente e hijoputesco que va por la vida chuleando a todo el mundo y que se cree que recitando poesía logrará salir con bien de todos los berenjenales en los que se mete. Y encima al tipo le funciona. Pero no se trata solo de esto: Hugo Pratt me parecía uno de los dibujantes más deficientes que he leído. Un quiero y no puedo constante que intenta reproducir acciones, escenarios y emociones para los que sus limitadas artes no están capacitadas. Por no hablar de que todos sus personajes son bizcos, lo cual me ponía bastante de los nervios.
Sandokan, el bizco de Malasia, según Pratt
Y sí, el tío se documenta muy pero que muy bien, pero si luego la historia no posee ningún interés, ¿de qué sirve? Y no se crean que he leído poco a Pratt, ¿eh? Que en su momento me tragué su Saint-Exupéry, Mu el contintente perdido, Corto Maltés en Siberia, La balada del mar salado, Fábula de Venecia, La casa dorada de Samarkanda, El gaucho (con Milo "culos" Manara)... Y algunos más que ahora no recuerdo. Lo leí en castellano, en catalán y en italiano. Y nada. Ningún interés. Pero es que además... ¡el tipo es muy malo! ¡No tiene ninguna clase de sentido de la narrativa! ¡Sus obras carecen por completo de cualquier atisbo de ritmo, y sus personajes son robots que cambian de parecer y de carácter a cada página!
En fin.
El caso es que, en estos días que como decía son de recogimiento, introspección y etc etc, he dado otra oportunidad a Pratt. Y, mira tú, la verdad es que... Quién lo hubiera dicho...
He encontrado un tebeo de Hugo Pratt que me gusta. Hasta me lo he comprado.
Se titula Las Célticas, y es de Corto Maltés aunque Corto sale poco. Será que por eso me ha gustado más.
Y ya está. Hoy no hay moraleja, ni de hecho hay casi historia ni post ni enjundia ni gracia ni nada. Es que el otro día vi Donde viven los monstruos en el cine y me ha quedado una náusea y una angustia que no se me va ni con clembuterol...
¡Vivan las viñetas!