Dicen las leyendas que, en pasadas décadas, cuando en una serie de gran calado popular moría un personaje, era todo un acontecimiento. La cosa se podía preparar con antelación, gran campaña publicitaria incluida, o ser totalmente por sorpresa y pillar al respetable, como decimos los catalanes, amb els pixats al ventre. Sea como fuere, se trataba de un hecho insólito que impactaba fuertemente a propios y extraños. Así era el tratamiento de la muerte en aquellos tiempos en el cómic. Luego, cómo no, los cínicos noventa se encargaron de joderlo todo. Veamos los ejemplos de rigor:
- Marvel.- Murió el Capitán Marvel, murió Jean Grey, murió Gwen Stacey (supongo que en DC también murió alguien, pero me importa entre poco y nada), y los lectores sintieron cada pérdida como si fuera la de un ser querido. Especialmente la muerte de Gwen, que conmocionó toda una generación de lectores. Era la nueva novia de Spidey (MJ estaba ya un poco pasada) y el Duende Verde la arrojó desde una gran altura, y aunque el trepamuros hizo todo lo posible por salvarla, ¡ay! No fue suficiente. Como en las mejores tragedias griegas, el destino fatal, el fatum, estaba ya echado. Memorable momento, que quedó grabado a fuego en el corazón de miles de personas. O eso dicen los viejunos del lugar, que yo aún no había nacido.
- Bola de Drac (Dragon Ball).- Hubo un momento, un breve instante, en el que todos nos creímos que Goku, el protagonista supercalifragilistico de la mayor y más famosa saga de todos los tiempos (con permiso de Homero y Jesucristo) había muerto. La lucha contra Radits había sido más que épica, alianza con Cor Petit (Piccolo) incluida -recordemos que, en ese entonces, Cor Petit era aún un villano de tomo y lomo-, y Goku moría para dejar sobre su hijo y sus amigos la responsabilidad de defender la Tierra contra los Guerreros del Espacio. Espectacular. Lástima que, poco después, nos percatáramos de que, en la serie de Toriyama, morirse, más que un inconveniente, era un mero trámite para volverse más fuerte entrenando con Kaito.
- Musculman.- Creo, y corregidme si me equivoco, que la serie Kinnikuman, Musculator o Musculman, es bastante desconocida fuera de Cataluña. Pero aquí fue muy famosa a principios de los noventa, un magnífico anime que mezclaba conceptos surreales con luchas a muerte contra las fuerzas del mal, todo ello protagonizado por un superhombre más feo y tragaldabas que Mr. Satán puesto de tripis. Pues bien, en Musculman hubo una escalada progresiva de "seriedad", la serie fue haciéndose cada vez más épica y trascendente hasta dejar totalmente de lado los chascarrillos del principio. Este viraje al lado oscuro se confirmó con la Saga de los Siete Caballeros del Apocalipsis, durante la cual... ¡Morían varios de los secundarios más queridos por el público! ¡Era inaudito! Y no morían de mentirijillas, como en Dragon Ball... Morían de verdad, que se veía sus cuerpos desmemebrados y todo. Menudo trauma para mi yo de siete añitos.
Pero el tiempo y los malos guionistas lo curan todo, y más adelante estos y otros ejemplos de series famosas demostraron que, si algo tiene éxito, no importa mucho que los personajes mueran: seguro que volveran, como ha ocurrido tres o cuatro veces ya con el Capitán América. El bueno del Capi murió, intentaron que pareciera muy triste, pero la única respuesta de los lectores fue "¿Y cuándo dices que va a resucitar?". A otro perro con ese hueso, Marvel. Igual con Superman, al que mataron en 1993 (¿en serio alguien creyó que permanecería en su tumba?), y tantos otros superhéroes. En Musculman la muerte de personajes dejó de tener sentido cuando empezaron a resucitarlos con excusas cada vez más peregrinas ("le daré parte de mi poder para que viva de nuevo", "usaré este objeto mágico que el autor se acaba de inventar para resucitarlo", "como ahora soy tan fuerte, puedo volver los muertos a la vida". Todas estas explicaciones son verídicas de la serie). Y qué decir de Naruto, una serie a la he acabado odiando con una intensidad tal que no puedo dejar de leerla para seguir refocilándome en lo malísima que es (vamos, que padezco el síndrome Stephanie Meyer o síndrome Schadenfreuden). En Naruto vino un villano superpoderosodelaleche llamado Pain, se cargó a toda la villa, mató a la mitad de secundarios de un plumazo... Luego Naruto habló con él, Pain dijo que tenía razón, que le había convencido, y sacrificó su vida para resucitar a todos los asesinados. Espero no tener que dibujar nunca un argumento tan lamentable. Naruto, te odio. Te odio mucho.
En fin. Moraleja: hay que dejar muertos a los muertos. Aunque pesen las ventas (o los cojones del autor).
¡A TOMAR POL CULOOOOOOOOO!
¡Vivan las viñetas!