05/11/09

Remember, remember...

El cinco de noviembre de 1605, un súbdito inglés católico llamado Guy Fawkes trató de volar por los aires el Parlamento de Inglaterra usando para ello montones de barriles de pólvora secretamente acumulados bajo dicho edificio. Su objetivo: eliminar de un solo golpe al Parlamento y al rey para devolver la libertad de credo a los católicos del país, que estaban siendo duramente perseguidos por los protestantes anglicanos. Para que todas las generaciones de ingleses conocieran el terrible castigo que supone la traición, a partir del año siguiente se estableció la festividad del Gunpowder Plot (Complot de la Pólvora) para conmemorar el evento. Aún hoy en día,  cada cinco de noviembre los niños del Reino Unido compran o fabrican muñecos que representan a Guy Fawkes, con su sombrerito alto y su peluca negra, y  queman alegremente al alegórico terrorista...


Toda esta historia, no nos engañemos, nos importaría entre poco y nada si no fuera porque Alan "el Pelos" Moore la utilizó como telón de fondo para su obra magna (después de Watchmen, claro) V for Vendetta. En la cual el protagonista no deja de recordar...

Remember remember the fifth of November
Gunpowder, treason and plot.
I see no reason why gunpowder, treason
Should ever be forgot...


(Recuerda, recuerda el cinco de noviembre
Conspiración, pólvora y traición.
No veo razón alguna para que el complot de la pólvora
sea jamás olvidado...)


Por lo tanto, les deseo un feliz cinco de noviembre, y espero que sean buenos ciudadanos y relean V for Vendetta (o vean la película, que es lo que yo voy a hacer. ¡Con lo que me gusta!)

 

02/11/09

José Luis López Vázquez ha muerto

Tras más de 230 películas, nos ha dejado. Aunque suene a tópico y a lo que dice todo el mundo, siempre lo recordaré por La cabina. Estremecedora experiencia su primer visionado, a los doce años de edad...




Descanse en paz.


29/10/09

Censura en El Jueves

Sí, habéis leído bien: "censura en El Jueves", y no "censuran a El Jueves". El autor colaborador de esta emblemática revista Franchu ha visto como la redacción rechazaba una viñeta suya sobre el referéndum independentista de Arenys de Munt porque "podría ofender la sensibilidad de los lectores españoles".

Ahora podría ponerme a despotricar sobre lo hipócritas que son los de El Jueves, pero no voy a hacerlo. Simplemente, aquí dejo la viñeta en cuestión (ya ven, ofensosísima), pues es deseo del autor que circule lo máximo posible, y dejo de comprar la revista (que ya compraba poco por el bajón de calidad) de una vez y para siempre. Al final voy a tener que acabar diciendo aquello tan típico de "habéis perdido un lector".





(Y además así de paso me ahorro una entrada sobre el 50 aniversario de Astérix. ¡Gracias, El Jueves!)

¡Vivan las viñetas censuradas!


EDITADO: Pues sí, según leo en este blog de boca del propio Franchu, se trata de una falsedad que ha corrido como la pólvora. En fin, dejaré el post para que vean que los comiqueros no somos dioses, sino humanos, y la cagamos constantemente (y que en Internet es muy fácil hacer correr la información). Aunque me reafirmo en lo del bajón de calidad.

27/10/09

Sólo se muere dos veces (tres, como mucho)

Dicen las leyendas que, en pasadas décadas, cuando en una serie de gran calado popular moría un personaje, era todo un acontecimiento. La cosa se podía preparar con antelación, gran campaña publicitaria incluida, o ser totalmente por sorpresa y pillar al respetable, como decimos los catalanes, amb els pixats al ventre. Sea como fuere, se trataba de un hecho insólito que impactaba fuertemente a propios y extraños. Así era el tratamiento de la muerte en aquellos tiempos en el cómic. Luego, cómo no, los cínicos noventa se encargaron de joderlo todo. Veamos los ejemplos de rigor:

- Marvel.- Murió el Capitán Marvel, murió Jean Grey, murió Gwen Stacey (supongo que en DC también murió alguien, pero me importa entre poco y nada), y los lectores sintieron cada pérdida como si fuera la de un ser querido. Especialmente la muerte de Gwen, que conmocionó toda una generación de lectores. Era la nueva novia de Spidey (MJ estaba ya un poco pasada) y el Duende Verde la arrojó desde una gran altura, y aunque el trepamuros hizo todo lo posible por salvarla, ¡ay! No fue suficiente. Como en las mejores tragedias griegas, el destino fatal, el fatum, estaba ya echado. Memorable momento, que quedó grabado a fuego en el corazón de miles de personas. O eso dicen los viejunos del lugar, que yo aún no había nacido.

- Bola de Drac (Dragon Ball).- Hubo un momento, un breve instante, en el que todos nos creímos que Goku, el protagonista supercalifragilistico de la mayor y más famosa saga de todos los tiempos (con permiso de Homero y Jesucristo) había muerto. La lucha contra Radits había sido más que épica, alianza con Cor Petit (Piccolo) incluida -recordemos que, en ese entonces, Cor Petit era aún un villano de tomo y lomo-, y Goku moría para dejar sobre su hijo y sus amigos la responsabilidad de defender la Tierra contra los Guerreros del Espacio. Espectacular. Lástima que, poco después, nos percatáramos de que, en la serie de Toriyama, morirse, más que un inconveniente, era un mero trámite para volverse más fuerte entrenando con Kaito.




- Musculman.- Creo, y corregidme si me equivoco, que la serie Kinnikuman, Musculator o Musculman, es bastante desconocida fuera de Cataluña. Pero aquí fue muy famosa a principios de los noventa, un magnífico anime que mezclaba conceptos surreales con luchas a muerte contra las fuerzas del mal, todo ello protagonizado por un superhombre más feo y tragaldabas que Mr. Satán puesto de tripis. Pues bien, en Musculman hubo una escalada progresiva de "seriedad", la serie fue haciéndose cada vez más épica y trascendente hasta dejar totalmente de lado los chascarrillos del principio. Este viraje al lado oscuro se confirmó con la Saga de los Siete Caballeros del Apocalipsis, durante la cual... ¡Morían varios de los secundarios más queridos por el público! ¡Era inaudito! Y no morían de mentirijillas, como en Dragon Ball... Morían de verdad, que se veía sus cuerpos desmemebrados y todo. Menudo trauma para mi yo de siete añitos.

Pero el tiempo y los malos guionistas lo curan todo, y más adelante estos y otros ejemplos de series famosas demostraron que, si algo tiene éxito, no importa mucho que los personajes mueran: seguro que volveran, como ha ocurrido tres o cuatro veces ya con el Capitán América. El bueno del Capi murió, intentaron que pareciera muy triste, pero la única respuesta de los lectores fue "¿Y cuándo dices que va a resucitar?". A otro perro con ese hueso, Marvel. Igual con Superman, al que mataron en 1993 (¿en serio alguien creyó que permanecería en su tumba?), y tantos otros superhéroes. En Musculman la muerte de personajes dejó de tener sentido cuando empezaron a resucitarlos con excusas cada vez más peregrinas ("le daré parte de mi poder para que viva de nuevo", "usaré este objeto mágico que el autor se acaba de inventar para resucitarlo",  "como ahora soy tan fuerte, puedo volver los muertos a la vida". Todas estas explicaciones son verídicas de la serie). Y qué decir de Naruto, una serie a la he acabado odiando con una intensidad tal que no puedo dejar de leerla para seguir refocilándome en lo malísima que es (vamos, que padezco el síndrome Stephanie Meyer o síndrome Schadenfreuden). En Naruto vino un villano superpoderosodelaleche llamado Pain, se cargó a toda la villa, mató a la mitad de secundarios de un plumazo... Luego Naruto habló con él, Pain dijo que tenía razón, que le había convencido, y sacrificó su vida para resucitar a todos los asesinados. Espero no tener que dibujar nunca un argumento tan lamentable. Naruto, te odio. Te odio mucho.

En fin. Moraleja: hay que dejar muertos a los muertos. Aunque pesen las ventas (o los cojones del autor).


¡A TOMAR POL CULOOOOOOOOO!

¡Vivan las viñetas!

06/10/09

Entre lo "real" y lo "falso"

Hace unos cuantos días vi District 9. Y aunque desde el momento en que se encendieron las luces del cine y aparecieron los títulos de crédito supe que acababa de ver una de mis películas favoritas de todos los tiempos, no voy a hacer una pormenorizada crítica, que últimamente hablo mucho de cine y esto no es un blog de cine.

La cosa viene porque, viendo la susodicha District 9, se me ocurrió algo relativo a los efectos especiales de las pelis. Esta película tiene un tono semidocumental muy logrado, un aire a lo serie B delicioso y una ambientación imposiblemente realista (por boca de Llassans supe que estaba rodada en un auténtico gueto, de ahí  que las pilas de desperdicios se vieran tan realistas: eran pilas de desperdicios de verdad), pero los auténticos protagonistas de la película, las "gambas" ("prawns") se veian... falsos. No sé decirlo de otra manera. Esos aliens no hay quien se los crea, se ve el CGI a la legua. Hubiera preferido tipos disfrazados o incluso stop-motion, pero cuando apuntaban directamente a la cara de uno de esos bichejos (en alguno de los escasísimos planos directos de la peli, que mira que se menea la cámara), me parecía poder contar los píxeles de la criatura en cuestión.



Bien.

Hace ya tiempo que los efectos especiales generados por ordenador han dejado de sorprender a nadie que haya nacido antes de 1994.Y hace todavía más tiempo (en mi caso, desde el estreno del infame Episodio I) que los alardes en CGI han dejado de poder sostener una película por si mismos, o de poder dejar al espectador con la boca abierta. Muchos de los estrenos que nos saturan cada año producen precisamente ese efecto: nos saturan. Porque los directores los utilizan cada vez más para rellenar huecos de guión; las películas se hacen a la medida de sus efectos especiales, en vez de ser al revés como sería lo lógico. Recientemente se han publicado los primeros avances de la próxima gran obra de James "tardo-diez-años-en-hacer-una-peli" Cameron, Avatar, basada, como la decentilla Beowulf y la soporífera Polar Express en esa curiosa técnica consistente en filmar una secuencia con actores humanos y luego rehacerla poniendo ordenador por encima. Cuesta el doble de dinero, el triple de tiempo y gusta la mitad que una película normal. ¿Alguien lo entiende? Será que no somos ejecutivos de Hollywood. Pues bien, ha sido ver el tráiler de Avatar y pensar "esto ya lo he visto por lo menos diez veces". Y luego: "qué falsos se ven esos tipos azules y cómo canta que están hechos por ordenador". Como los monos de Indiana Jones y el reino de la Calavera de Cristal, película que, si Dios existiera, debería ser reseteada de la memoria de la Humanidad cual neuralización global y justiciera.

En fin, esa pataleta cargada de bilis venía por las "gambas" de District 9, que si os fijáis es la única buena película que he mencionado en lo que llevamos de post. Lo hago para que os acordéis de ella. District 9. District 9. Ehem. Decía, pues, que los aliens se ven falsos. Pero resulta que el otro día estaba viendo de nuevo Jurassic Park (véis, esta sí es buena) y me sorprendí, pues hacía largos años que no la revisaba, del aspecto tan natural y realista que tienen los dinosaurios en esa peli (sí, ya sé que muchos de los dinos que aparecen son marionetas animatrónicas, pero en la mayoría de escenas están generados por ordenador).




¿Por qué los velocirraptores de Spilbergo de 1993 me parecen aún hoy tan reales, y las "gambas" me parecen más falsos que un euro moldavo? ¿Qué misteriosos recovecos de la mente me llevan a despreciar los Transformers de Bay y en cambio me sigo emocionando como un niño cuando veo los ortopédicos andares de E.T.? ¿Por qué las antiguas bestezuelas de Harryhausen me llegan a lo más hondo y la mayoría de lo que produce hoy en día la Industrial Light & Magic me deja bastante indiferente?

¿Será porque entonces era un niño?

¿Será porque, ahora mismo, hay niños y niñas de diez años que están flipando con Wall-e y Up como yo flipaba con El Rey León y Todos los perros van al cielo?

Y esos niños, a su vez, serán algún día jóvenes de veintitantos que escribirán en blogs (o su equivalente futurista) que las películas en 3-D de entonces no emocionan tanto como las que ellos veían en sus infancias, que sí que derrochaban imaginación por los cuatro costados.

¿El síndrome de los ochenta ataca de nuevo?

No sé, no sé, no lo tengo muy claro.

Prefiero seguir pensando que los efectos especiales de 1993 eran mucho más "auténticos" que los de ahora. Tenían alma. Los de ahora se ven... "falsos".

Bueno, y que cuando veo un dinosaurio, pues no deja de ser una especie de lagartija gigante. Puedo imaginar como es un dinosaurio en la vida real (al fin y al cabo, existieron durante millones de años). Pero si me pones una gamba espacial que es adicta a la comida para gatos... Pues, por mucho que me esfuerce, mi cerebro no es idiota y sabe que eso es absolutamente imaginario, y que no existirá jamás algo así.

PD pues al final he acabado hablando de cine. Sigh.

¡Vivan las viñetas!

03/10/09

El arte de encajar las críticas

Recientemente, he tenido que aguantar muy duros ataques contra Zombiosis.

Mal que me pese, Zombiosis sigue siendo mi único cómic profesional. Como ya dije en otro post, tiene montones y montones de defectos de los que soy plenamente consciente. En su momento, amigos, conocidos y blogueros dieron su opinión al respecto y la mayoría de cosas no fueron halagos. Pero nunca me habían dicho que Zombiosis es una mierda, con estas mismas palabras u otras parecidas. Eso duele.

Supongo que es una prueba que todo autor tiene que pasar. El problema es que fue a traición, cuando menos me lo esperaba. Estaba con una persona a la que llamaremos Sr. Chocobo (no tiene por qué ser necesariamente un hombre, ni tampoco un chocobo), a la que acababa de conocer apenas el día antes. El sr. Chocobo era un gran aficionado a los cómics como yo mismo, y declaró que había leído Death Laugh y que quería que yo se lo firmase (no concretó si le había gustado Death Laugh, pero deduje que sí. ¿Para qué querría que le firmase algo que no le había gustado?). Entonces le hablé de Glénat, que para mi es faro, luz y guía ya que sigue siendo la editorial que apostó por mi y por Llassans cuando nadie más habría dado dos duros, y que para algo la pongo siempre en negrita cuando escribo. El sr. Chocobo arremetió contra Glénat comparándola con Marvel, comparación de la que Glénat salía muy mal parada. Antes de haber podido recuperarme para defender el honor de mi Editorial Madre, la conversación se desvió, no sé muy bien cómo, hacia Zombiosis. El sr. Chocobo manifestó que le había parecido un tebeo muy malo. Malísimo. Vamos, que era una mierda.

Y yo me sentí fatal, claro. Sobretodo porque apenas conocía al sr. Chocobo, y me sorprendió semejante arrebato por parte de alguien desconocido. Pero no era un arrebato. El sr. Chocobo lo pensaba realmente y lo dijo como si nada, sin encono ni intenciones ofensivas. Encima.

Al cabo de solo dos días, otra persona a la que llamaremos sra. Dragona (nuevamente, no tiene porque ser necesariamente una mujer, ni tampoco una dragona), me comentó que ya se había leído, por fin, Zombiosis (con un año y medio de retraso, pero eso da igual). Al preguntarle su opinión, la sra. Dragona me preguntó con mala baba manifiesta si el guión era mío. Dije que, técnicamente, el guionista era Llassans. La sra. Dragona me recomendó que me buscase a otro, porque ese cómic era malo de narices. No sé si dijo narices, hoy en día ya no lo dice nadie. Tal vez dijo que era una mierda, como el sr. Chocobo. Ni idea.

En fin, en mi lento paso de caracol por el mundo del cómic, he ascendido (o descendido, depende como se mire) un nuevo peldaño: el endurecimiento que comporta recibir un ataque directo y virulento contra tu obra. Sé que los no-iniciados les resultará difícil de entender o directamente pensarán que soy tonto, pero un cómic es como un hijo para su autor. Parimos cada página con sangre, sudor y esfuerzo y nos llena de orgullo verlo en la estantería, bien encuadernado e imprimido, con cada viñeta en su sitio y pensando en los que lo leerán en el futuro y les gustará.

La moraleja de hoy es extremadamente obvia. No le digas a un autor de cómic que su cómic es una mierda delante de él. Si es un cobarde llorón como yo, se limitará a ponerse furioso para sus adentros y a escribir una pataleta en su blog, poniendo pseudónimos para evitar que el sr. Chocobo y la sra. Dragona se cabreen (tengo que verlos a menudo, qué queréis). Pero corréis el riesgo de que el autor saque una katana del bolsillo y os raje de arriba abajo. Por gilipollas.

¡Vivan las viñetas!

29/09/09

Lo del manga en Alemania

Hace un mes y medio (taquiones mediante, eso es exactamente en el momento de escribir este artículo, a mediados de agosto) un tal Córdoba, al parecer mandamás de Panini, publicó un polémico artículo que trajo mucha cola. Aquí el artículo original, aquí la contundente réplica de esos malinchistas de ADLO! Antes de seguir leyendo, por favor, repasad antes ambos artículos (o sólo el de ADLO!) para poneros en situación.

¿Ya? ¿Seguís vivos después de semejante tocho? Bien. De entre todas las paridas que este señor destiló, hubo una que me hizo una gracia tremenda por la desfachatez con la que era usada como argumento: en Alemania el manga está bajando en ventas. De este dato, realmente verídico al parecer, el sr. Córdoba extrapolaba que el manga en general es una moda pasajera y que su fin está cerca, pues ya se sabe que, en cuestión de cómics, los alemanes son referente mundial y todo lo que pasa allí acaba pasando tarde o temprano por aquí. Dejando de lado la estupidez que supone generalizar de un modo tan escandaloso, me puse a pensar en el motivo por que cual el manga está bajando sus ventas en el país de la salchicha al curry. Según parece, incluso Naruto, que ya está cerca de convertirse en el manga más vendido de la historia (si no lo es ya), ha perdido fuelle. Y otras series exitosas o semiexitosas en otros países se hallan al borde de la cancelación. ¿Por qué?

Bueno, en un primer momento pensé que, simplemente, los alemanes tienen un gusto distinto al nuestro en materia de cómics. O tal vez, por algún motivo que se me escapa, el manga es allí mucho más caro que en otras partes. Pero entonces el mismo ADLO! me dio la respuesto en la persona (es un decir) de J. Calduch, que hizo un comentario lo suficientemente interesante como para hacerme pensar.

El problema de Calduch es que, siendo un ADLáter uno nunca sabe cuando habla en serio o cuando está de cachondeo. Pero en cualquier caso su explicación me pareció muy lógica y por eso la reproduzco aquí sin permiso ni temor de ROB!:

Es evidente que el manga en Alemania va mal, lo que hay que hacer es profundizar en las causas.

La escritura y sentido de lectura japones hacen que los bocadillos de las viñetas sean altos y estrechos.

El idioma alemán emplea muchas palabras compuestas y largas. Necesita por tanto bocadillos anchos.

Un-
be-
kann-
te

le-
be-
we-
sen.

No es cómodo para un lector alemán leer así, cuando llega al final de la palabra ha olvidado el principio. Si encima debe interpretar lo que sucede de derecha a izquierda pues peor se lo ponen.

No es más que eso. Y por eso con el castellano no habrá peligro, y menos cuando vaya evolucionando hacia el SMS.

(Comentario publicado en ADLO el 15/08/2009)

Me parece una explicación extremadamente satisfactoria. Y añado, como antiguo estudiante de alemán que soy, que en este difícil idioma muchas frases sólo tienen sentido cuando se han leído enteras, pues a menudo una palabra puesta al final cambia el tiempo verbal e incluso el sentido entero. Así de compleja es esa lengua del demonio. Nada que ver con el catalán, por poner un ejemplo totalmente al azar, que aquí en Barcelona hasta los niños pequeños lo hablan.

¿Qué opináis vosotros? ¿Por qué el manga no es en Alemania el gran negocio que es en otros países, entre ellos el nuestro, por mucho que le fastidie al sr. Córdoba?

¡Vivan las viñetas!
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25/09/09

G.I.Joe: efectos colaterales

Hace ya un mes que vi la peli de G.I.Joe con Llassans, y siguiendo mi costumbre de emitir un veredicto sobre las pelis cuando ya he tenido tiempo de digerirlas, pues vamos al ajo.

Mi experiencia con esta película ha sido absolutamente desconcertante. Por un lado, en el cine me aburrí bastante; la trama es más que endeble y se basa en ir arriba y abajo sin demasiado ton ni son, los protagonistas van de lo soso a lo lamentable (apuesto a que nadie que haya visto esta película sin conocer previamente su universo es capaz de recordar el nombre del protagonista), o a lo directamente odioso (sé que es un imperativo comercial que tienen casi todas las producciones modernas, pero nunca he podido sufrir el estereotipo del negro "graciosete", y en esta película es especialmente enervante). Tiene momentos francamente estúpidos (¿un avión programado en gaélico? ¿Y la pelirroja lo deduce en medio segundo sólo porque el malo es escocés? What the fuck?). La lucha final es eterna y no se acaba nunca (y lo que es peor, el negro no muere de forma horrible). A decir verdad, en el momento de acabar la película y encenderse las luces en la sala de cine, me sentí francamente decepcionado y le hubiera puesto un cero como una catedral sin dudarlo. Aburrida, confusa y estúpida.

Pero, y esto es algo que me sucede a menudo, con el tiempo he ido viendo las cosas de otra manera. Para empezar, me gustó mucho el tratamiento de la que, ya en los juguetes y en la serie de dibujos, era mi favorita: la Baronesa, que aquí es la auténtica villana de la función. Lástima que aquí no muestre sus habilidades con el disfraz, que en los cómics era toda una maestra. Todo el génesis de Cobra esta bastante bien llevado, incluso tiene momentos de grandeza, como la historia del Comandante, que pasa por diversas etapas a lo largo de la película (de hermano/mejoramigo pasa a Científicoloco y luego a Comandantecobra). Coincido con la opinión de Llassans, por cierto: de entre todas las posibles máscaras del Comandante han ido a elegir una de las más feas. Y ¿no os parece un tanto estúpido que el malo revele su auténtica naturaleza y, apenas unos segundos más tarde, sea detenido sin oponer resistencia? En fin, otro fallo de guión.

También debo reconocer que, en la larga escena de París, disfruté como un crío, y que no me esperaba para nada que destruyeran la Torre Eiffel (no había visto ningún tráiler, con lo cual fue una sorpresa total). También aplaudo la subtrama del presidente, que deja unas enormes posibilidades de cara a la segunda parte (si es que llega a hacerse).
Y aquí llego al punto que más me desconcierta de esta película: en conjunto me ha parecido floja y para nada la peli mítica que podría haber sido, pero me ha dejado con unas ganas enormes de ver una secuela. Ah, y si tuviese dinero me compraría un muñeco de la Baronesa y otro del Comandante, vaya que sí.
¡Vivan las viñetas!

21/09/09

El culto a la juventud

Un día estaba yo con Llassans, hace ya unos años, hablando sobre el personaje principal de uno de nuestros cómics. Este personaje iba a ser el protagonista, y se trataba de un periodista que investiga fenómenos paranormales para demostrar que son falsedades y montajes. Un racionalista, en suma. El eje de la discusión giraba en torno a aspectos marginales de ese personaje, que ya teníamos casi definido. Llassans quería que fuese divorciado. Yo no tenía objeciones al respecto. Suponiendo que había estado casado algún tiempo -tenía una hija pequeña- y que era bastante veterano en su profesión, comenté, de modo natural: "Y respecto a su edad... Yo le pondría unos cuarenta años, tirando corto." A lo que Llassans saltó, horrorizado: "¡No querrás hacerlo un viejo!"

En ese entonces, tanto Llassans como yo teníamos entre diecisiete y dieciocho años (no lo recuerdo muy bien). Esta anécdota me viene siempre a la memoria en cuando leo muchos de los manga y veo muchas de las películas que se hacen hoy en día (con "hoy en día" me refiero de los ochenta hasta la actualidad). Hay un fuerte culto a la juventud. Pues vaya novedad, diréis. Cierto, el culto a la juventud es antiguo como el mundo y se remonta ya a los griegos y sus efebos de generoso trasero; pero la verdad es que hoy por hoy, en nuestro mundillo parece ser más bien una obsesión.

Porque, según parece, uno no puede hacer un cómic destinado a los jóvenes con un protagonista que no sea muy joven. Fijaos en los manga. Me parece lógico que los protagonistas de los shônen sean jóvenes, al fin y al cabo tienen que ser fuertes y contar con ímpetu y ardor juveniles. El problema es que muchas veces se cae en el ridículo. Por ejemplo, Evangelion. Una obra tan genial como lisérgica, protagonizada por adolescentes de catorce años. Sí, tienen catorce años. Asuka y Rey, con sus cuerpos de prostituta tailandesa, tienen catorce añitos. O sea que todos los fans de Evangelion son pederastas en potencia. O no tan en potencia.

Pero estoy divagando. Lo que quiero decir no es que esté mal que historias dirigidas a adolescentes estén protagonizadas por adolescentes, eso es extremadamente lógico pues se busca una identificación entre lector y producto. No, lo que me fastidia de esta clase de productos es el concepto de vejez que se tiene. Hablando claro: en la mayoría de mangas, un hombre de 3o años es un viejo. Y eso me parece ridículo.

Miremos Naruto. Está el personaje de Jiraya, uno de los mejores de todo el manga. Jiraya es tratado a menudo de anciano, de "más viejo que Matusalén", tiene el pelo blanco y "ha vivido mucho". ¿Cuantos años tiene Jiraya? Cincuenta. ¿Un hombre de 50 años es un anciano?

Miremos Kenshin. Hay un chiste recurrente en esta serie, y es la de preguntar al protagonista, Kenshin Himura, cuántos años tiene. Al decir que 28, todos los personajes se caen de culo de la impresión. Uno podría pensar que es debido al aspecto aniñado del samurái favorito de todos (se supone que aparenta unos diecisiete), pero en realidad, como ya se deja claro varias veces, es porque los personajes no pueden creerse que Kenshin sea un viejales.

Pero claro, no podemos fijarnos solo en el manga, que los japoneses son muy suyos. Vamos a los alegres Estados Unidos. El El retorno del caballero oscuro (ya saben, la obra con la que Frank Miller revolucionó el concepto de superhéroe y bla bla bla etc etc etc) se nos presenta a un Bruce Wayne con el pelo blanco, más arrugado que una pasa y que se jubiló hace ya una década como Batman. Bien, esta idea me gusta, Bruce se ha hecho viejo y ya no puede seguir el ritmo. Excelente. Ahora bien, la primera sorpresa es que ¡Alfred sigue vivo! ¿El mayordomo que ya era mayor cuando Bruce tenía diez años sigue vivo y coleando en la vejez de su amo? ¿Pero cuantos años tiene este individuo? No solo eso: ¡Gordon aparenta tener la misma edad que Bruce Wayne! ¿Pero qué demonios pasa aquí?

Muy fácil. Que Bruce Wayne no es viejo. Al final del cómic se nos revela que tiene 55 años. ¡55 años! La edad en la que la mayoría de los trabajadores siguen en activo, y Frank Miller la considera un periodo de vejez y decrepitud (claro que en 1986 Miller era un jovenzuelo. Me gustaría saber qué opina al respecto ahora que él mismo es un cincuentón). Además, esto implica que Bruce se retiró como Batman a los 45 años de edad. Bruce, eres un vago.

O sea, que estamos en lo mismo. La cincuentena es considerada como el ocaso de la vida, y los personajes que se hayan en esa etapa se suelen pintar con el pelo totalmente blanco y llenos de arrugas y tics de anciano.

¿Hay algún problema con la edad de los personajes? ¿Por qué mis protagonistas no pueden ser cuarentones interesantes? No hace muchos meses, hablaba con Glénat-san sobre unos proyectos de esos que nos salen de la carpeta a puñados, y me dijo, con su aterciopelada voz de barítono, que las historias dirigidas a un público joven exigen un protagonista joven, y las dirigidas a un público más madura, exigen un protagonista que esté en la treintena, como poco.

Pe... pero... ¿Y Tintín? ¿Y Astérix? ¿Y Mortadelo? ¡No iréis a decirme que estos son jóvenes! Astérix concretamente siempre me pareció un hombre de treintaymuchos (será por el bigote y por los comentarios de "se le está pasando el arroz" que sueltan las cotorras del pueblecito armoricano). ¿Y los superhéroes americanos? La mayoría son adultos hechos y derechos. De hecho en una ocasión leí un crossover entre Gen-13 (que en los 90 eran jóvenes rebeldes chupiguays y ahora son sencillamente ridículos) y Spider-man. En una de las lamentables viñetas, los Gen-13 se burlaban de nuestro amistoso vecino tachándolo de "vieja gloria", a lo que el Trepamuros respondía, aturdido: "¿es que ya no soy joven?". Pues no, Spidey. Ya no eres joven. ¿Y qué? ¿Y QUÉ? ¡Molas cien mil veces más que esos cenutrios, no te dejes avasallar! Y no me habléis de los Runaways, que van por el mismo camino descendiente que los Gen-13 y acabarán en el mismo sitio que ellos. En 2015 nos acordaremos de los Runaways y diremos "¡es que eran taaaaaan de 2009!". Como el Facebook.

En fin, que ya véis que me fastidia enormemente esta obsesión con los "viejos de 30 años". Yo no considero viejo ni a uno de 50, que lo sepáis. Teniendo en cuenta que hoy en día se llega a los 90 años con facilidad, ¿cómo va a ser viejo alguien que apenas ha llegado a la mitad de su vida?

Y si quieres hacer un personaje adolescente, que sea un adolescente de verdad: confuso, irritable, inexperto, asustado. Como Harry Potter. No como esas legiones de chavales y chavalas que a los quince años ya se han licenciado en veinte carreras con "cuántica" en el nombre, saben hackear cualquier sistema informático aunque no esté conectado a la red o son capaces de dominar cualquier técnica de arte marcial por muy mortal o secreta que esta sea.

Pensad en ello, hacedme el favor.
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17/09/09

No entiendo a DC

No entiendo a DC. En serio.

Yo he sido marvelita toda mi vida. Los motivos son sencillos. Desde el punto de vista de mi yo infantil, Marvel tenía a Los Superhéroes Que Molan, y DC tenía... a Batman. Porque nunca me ha gustado Superman. Y, seamos sinceros, ¿qué otros héroes de DC conoce un chaval de nueve años? En cambio ahí están Spider-man, Hulk, los de la Patrulla X, Iron Man, los 4 Fantásticos... Todos los conocíamos y los adorábamos. Eran los reyes del patio del colegio. En cambio, ¿Green Lantern? ¿Detective Marciano? ¿JLA? ¿Qué demonios es JLA? Suena a ingrediente cancerígeno de bollería industrial (y el Detective Marciano suena a serie malísima de dibujos animados de esas que ponían en el Club Disney a las siete de la mañana antes de Punky Brewster).

Más adelante, uno se hace mayor, madura y todo eso, y empieza a expandir horizontes. En mi caso comencé a interesarme por otro tipo de cómics de superhéroes, como los Vengadores, Pantera Negra, Veneno (en los 90 era lo más) y el Capitán América. ¿Cómo? ¿Que todos estos siguen siendo Marvel? Pues eso, lo que decía. Por más que me he esforzado, nunca he conseguido comprender a DC.

Porque vamos a ver. Tu te pones con el Universo Marvel y es más sencillo que el mecanismo de un botijo. El bien, el mal, la eterna lucha... Incluso cuando se ponen en plan cósmico (que viene Thanos, que viene Galactus, lo que nunca vienen son los cómics baratos) aún entonces son historias perfectamente entendibles por el común de los mortales. Un plus adicional lo proporciona el hecho que la mayoría de héroes de la Marvel tienen motivaciones perfectamente normales e incluso identificables: Peter Parker siempre está pendiente de que su ocupación como Spider-man no interfiera su vida diaria: en la universidad, en su empleo en el Bugle, en una cita con Mary Jane... Iron Man es un empresario capitalista que tiene que compaginar la gestión de su imperio empresarial con la lucha contra los villanos y con su alcoholismo crónico; y lo mejor es que nunca sabes cual de las tres cosas le resulta más dura; Mr. Fantástico/Reed Richards tiene a menudo problema matrimoniales con la Chica Invisible/Sue Storm; Pantera Negra, ahora que se ha casado con Tormenta, debe estar tan pendiente de su trabajo como rey-superhéroe (¡el mejor trabajo del mundo!) como de su relación con Ororo Munroe (no es fácil convivir con alguien que, si se cabrea, puede invocar un tifón de magnitud 4 dentro de la sala de estar). Etc Etc Etc.

En cambio, DC... Es que no lo entiendo. Para empezar, abusan muchísimo de la magia y lo sobrenatural. Todo lo que en Marvel suele explicarse con jerga tecnocientífica en DC se resuelve con algún ente cósmico (Green Lantern y su anillito), con algo extraterrestre (Superman) o con algún lío entre dimensiones (Wonder Woman, que ni siquiera sé si viene de una dimensión paralela, de otro planeta o de un hotel de esos de las Vegas de ambientación grecorromana). Los peronajes suelen ser superpoderosos y sin demasiadas preocupaciones reales. Porque vamos a ver, ¿qué preocupación tiene Superman? ¿Que Lois nunca sepa que en realidad él y Clark son la misma persona? ¡Si se lo ha contado miles de veces! (porque a estas alturas no cuela que Lex Luthor suponga un reto real para el Hombre de Acero) ¿Por qué sufre Bruce Wayne? ¡Si está forrado de pasta! Por mucho que me guste Batman, antes me voy a sentir identificado con un estudiante que tiene que compaginar su oficio de vigilante con un empleo mal pagado con sus estudios universitarios (Spider-man) que con un dilettante muchimillonario que no ha superado un trauma que le sucedió hace treinta años.

Vale, ¿que no siempre es necesaria la identificación? ¿Que lo que cuenta es que las historias sea entretenidas? Muy bien, pero es que... insisto, ¡a DC no hay quien la entienda! Tu me cuentas la historia de un número cualquiera de los 4F y no tenga demasiadas dudas (el Dr. Muerte ataca el Edificio Baxter y es repelido por un superingenio creado por Richards durante el desayuno).

Incluso los macroeventos que ha habido ultimamente se pueden resumir en una frase o dos:

Civil War= el gobierno estadounidense quiere obligar a los superhéroes a revelar su identidad y a registrarse. El Universo Marvel se divide entre los que quieren hacerlo y los que no.

Secret Invasion= desde hace años los Skrulls (alienígenas cambiaformas de aviesas intenciones) han estado suplantando superhéroes para invadir la Tierra. Nadie sabe en quién confiar ya que cualquiera puede ser un Skrull.

World War Hulk= los superhéroes se hartan de Hulk y lo mandan de una patada al espacio. Allí se emociona con los DVD de Espartaco y Gladiator y monta un cristo monumental (esta es la única que no he leído, lo reconozco).

¿Veis qué fácil? En cambio, cojamos los mismos eventos de DC... ¿Alguien sabría decirme de qué va cualquiera de las Crisis Finales en menos de veinte palabras? ¿52? ¿Cuenta Atrás? ¡Si me consta que ni siquiera los mismo fans de DC entendieron Cuenta Atrás!

Y claro, yo voy a la tienda y abro un número cualquiera de Spider-man. Y veo a Spider-man aliándose con Lobezno para combatir un mutante descontrolado. Nada que no pueda entender, ya ven. En cambio, cojo este de DC (La Guerra de los Siniestro Corps), que me han dicho que es bastante bueno (en serio) y... No entiendo nada de nada. Aquí hay linternas de todos los colores. Green Lantern, Black Lantern, el tipo este con la piel rosa... Todos volando por el espacio, todos con su propio anillo, su propio símbolo chupiguay en el pecho y destando fuerzas metafísicas y trascendentales que para entender lo que pasa aquí tienes que haber seguido todo el Universo DC desde 1960 por lo menos. A eso me refiero. El Universo DC asusta y repele a partes iguales. O es tan extremadamente cósmico que no lo entiende ni el guionista o es tan simplón que no tiene interés alguno. Aún estoy por ver una historia de Wonder Woman que me interese mínimamente. Vale que el personaje siempre me ha caído mal (ya, sí, viene de otra dimensión, ajá. Y casualmente su traje lleva los colores y símbolos de la bandera americana. Sí, ajá, por supuesto, todo como muy sutil. Vete a la mierda, DC) pero es que leñe. Por lo menos en el Capitán América está justificado que sea un patriota neocon como Dios manda (fue creado por el gobierno para combatir a nazis y comunistas). En cambio Superman solo salva americanitos. ¿Por qué no va volando a salvar a los que están siendo masacrados en Ruanda por las guerrillas tutsis? Uy, que eso sería "interferir en el devenir humano". Claro, supes, claro. Pero luego va a caer un meteorito en Metrópolis y bien que pierdes el culo. No sea que Lois se despeine. Siempre me imagino a Superman acabando de destruir la enésima amenaza contra la Tierra y sonriendo, allá en su Fortaleza de la Soledad, satisfecho de ver como su acción superheroica ha salvado millones de vida humanas; y, en la Tierra, los múltiples dictadores africanos/asiáticos/hispanoamericanos sonriendo también y sabiendo que, gracias a Superman y al gobierno estadounidense, van a poder seguir torturando, masacrando y robando impunemente. Ey, y que conste que si Superman no fuera americano pasaría exactamente lo mismo, como ya se vio en Superman Rojo.

En fin, que DC no es solo que no me mole... ¡Es que no la entiendo! Crisis por todas partes (aun no he entendido lo que es una crisis. Si se trata de "eventos que cambiarán el destino del Universo DC de una vez y para siempre", ¿por qué hay una cada 5 años?), eventos cósmicos a porrillo, magia ratonera, explicaciones peregrinas o inexistentes, más dioses estelares que en una convención asgardiana, mundos vivirán, mundos morirán... Y lectores perderán, porque hace ya bastante tiempo que Marvel está dando una paliza a DC en cuando a ventas se refiere. Y no me extraña. No me extraña nada. El número más flojo de la Secret Invasion le da cien mil patadas a cualquier memez con Crisis en el título. Esto es así, y de nada sirve negarlo.

DC... ¡Para quién lo quiera!

¡Vivan las viñetas (de Marvel)!
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